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Una galería es un túnel con una sola boca (bocamina),
con una sección media de 2 x 2 m, perforado con la intención
de alumbrar agua; la consecución de este objetivo depende
de multitud de factores, tales como su localización,
longitud, características de los materiales y posición
de la superficie freática, entre otros.
En Tenerife hay emboquilladas 1.051 galerías, con
una longitud total perforada de 1.680 km, que en el año
2003 aprovechaban un caudal conjunto de 119,7 hm3/año.
En las galerías, y dependiendo de sus características
constructivas y del aprovechamiento, se diferencian los subtipos
siguientes: convencional, socavón, naciente y pozo.
De estos, la galería convencional es la más
representativa, y en relación con ellas se alumbra
más del 93 % de las aguas obtenidas por este tipo de
captación.
A finales del siglo XIX comenzaron a perforarse las galerías
en aquellos puntos en que más clara era la evidencia
de la existencia de agua subterránea; es decir, en
las áreas en que ya existían manantiales naturales.
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| Evolución
de las galerías convencionales |
A partir de ese momento, se intensificaron las labores de
perforación, aumentando de manera considerable el número
de galerías; si bien su distribución en el territorio
no es uniforme. Las primeras perforaciones se localizaron,
preferentemente en torno a la Dorsal de La Esperanza, tanto
por su vertiente norte como por la sur y, desde aquí,
se extendieron al resto de la Isla, primero por la vertiente
norte y posteriormente por la sur. A mediados de los años
60 ya se habían abierto más del 90% de las galerías
existentes en la actualidad, alcanzándose a finales
de esa década la máxima productividad de 7.000
L/s.
A partir de ese máximo, y aunque prosiguieron las
labores de perforación, se inició un descenso
paulatino pero ininterrumpido de la producción total
de las galerías. Este descenso no fue sincrónico
en toda la Isla, ni tampoco se verificó con la misma
intensidad de unas zonas a otras.
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