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El actual sistema
hidráulico de Tenerife es el resultado de sucesivas transformaciones
a partir del medio natural primigenio. Generaciones de tinerfeños
hemos adaptado a lo largo de la historia las condiciones hidráulicas
insulares a las necesidades de cada época.
En el pasado, casi la totalidad de las actuaciones
para aprovechar las aguas fueron promovidas por la iniciativa privada.
Desde la construcción de galerías y pozos destinados
a la captación de recursos subterráneos, hasta la
construcción de acequias y canales.
Para el PHI el sector privado es y debe seguir
siendo el principal gestor de las aguas subterráneas. Su
papel es fundamental para el mantenimiento y explotación
de las obras de captación y como usuario, especialmente en
el sector agrícola.
La iniciativa pública en el pasado se orientó
casi exclusivamente al abastecimiento urbano. La ley de régimen
local atribuye a los Ayuntamientos la competencia en materia de
abastecimiento y saneamiento de las poblaciones, la desinfección
y distribución a los usuarios, así como la recogida
de aguas residuales a través de las correspondientes redes
de alcantarillado.
Sin embargo, en una isla con tantos municipios
y con una desigual distribución de los recursos hídricos,
resulta imposible la gestión sin rebasar las fronteras municipales.
Por ello, el Plan Hidrológico establece
un carácter supramunicipal para la aducción de aguas
hasta los depósitos municipales, implicando de forma conjunta
a los municipios próximos y al Cabildo.
Del mismo modo, mediante colectores generales de
ámbito comarcal se conseguirá un tratamiento conjunto
de las aguas residuales. Al tratarse de una economía de escalas,
esto redundará en una mayor eficacia y en menores costes
de explotación.
Hace una década, el Cabildo de Tenerife
creó un organismo autónomo específico para
gestionar las primeras infraestructuras hidráulicas de las
que fue titular: las Balsas del Norte de Tenerife. Posteriormente,
al incorporar las obras e instalaciones para la reutilización
de las aguas residuales de Santa Cruz y La Laguna amplió
su ámbito de actuación a toda la isla, dando lugar
a BALTEN.
El éxito de esta fórmula está
avalado por unos buenos resultados y la amplia aceptación
social alcanzada. Ha sido fundamental la participación directa
de los usuarios y los Ayuntamientos. Así mismo, el conocimiento
cercano de los asuntos y una voluntad integradora común han
determinado el acierto en la gestión.
BALTEN supone una organización moderna y
eficiente, manteniendo unas dimensiones moderadas. Por necesidades
del nuevo marco jurídico y al incorporar la gestión
de nuevas infraestructuras, está prevista su transformación
en una nueva entidad, dependiente del Consejo Insular de Aguas.
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