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Según las previsiones del Plan Hidrológico,
la población de Tenerife requerirá para el año
2000, 70 hm3 de agua, un tercio de la producción
insular.
La dispersión de los núcleos urbanos
ha llevado a la construcción de una compleja red de conducciones
que conectan las zonas de producción con los lugares de consumo.
Este trasvase, tradicionalmente, se ha venido realizando
por medio de canales total o parcialmente descubiertos. Los riesgos
que entraña este sistema han llevado al Plan Hidrológico
a impulsar la creación de una red especializada en la aducción
del abastecimiento urbano, sustituyendo progresivamente los canales
actuales por conductos cerrados.
Mediante tuberías se obtienen mayores garantías
sanitarias y se pueden introducir importantes mejoras técnicas,
como la instalación de elementos de telecontrol y telemando.
Igualmente, el Plan Hidrológico propone
la construcción de los depósitos reguladores necesarios
para el abastecimiento de la población. En previsión
de interrupciones se establece una reserva de 1 m3 por
habitante. Con ello se asegura el suministro durante al menos una
semana.
Los depósitos han de contar con los elementos
de control y con dispositivos de desinfección y ventilación
que garanticen las correctas condiciones sanitarias. Desde estos
depósitos, a través de la red de distribución,
llega el agua a los usuarios.
Garantizar el caudal y la presión adecuada,
evitar fugas de la red y asegurar el suministro a los abonados corresponde
a los Ayuntamientos.
A partir de las acometidas domiciliarias casi toda
el agua, además de la de lluvia, es devuelta a la red de
alcantarillado.
Según datos del Plan Hidrológico,
tan solo el 56% de la población de Tenerife está conectada
a un sistema de alcantarillado. Mediante colectores generales de
saneamiento, de ámbito municipal o comarcal, los efluentes
residuales se concentran en determinados puntos, lo que permite
aplicar una economía de escalas reduciendo los costes de
tratamiento.
Las aguas residuales reciben una primera depuración
donde se retiran los agentes contaminantes de mayor tamaño,
como son arenas, flotantes y grasas. La baja contaminación
de nuestros efluentes y el poder regenerativo del océano
permiten verter al mar sin una depuración más intensa.
Emisarios submarinos, que se adentran a gran profundidad
y distancia del litoral, hacen posible alcanzar la dilución
adecuada y la digestión por el medio natural.
Junto a este procedimiento, el PHI plantea otras
fases más avanzadas de depuración cuando resulte viable
la reutilización. Las experiencias del Cabildo de Tenerife
avalan esta técnica que en nuestra isla ya se viene utilizando
con notable éxito.
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