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Los pozos suponen una importante alternativa para la obtención
de agua en Tenerife. El Plan Hidrológico Insular considera
estas obras como un medio eficaz para mejorar el aprovechamiento de
nuestros recursos hídricos subterráneos.
Los primeros pozos fueron construidos según
el sistema tradicional canario. La perforación, ayudándose
de explosivos, alcanza un diámetro entre dos y tres metros
permitiendo el descenso de los trabajadores que realizan la excavación.
La mayor parte de los 430 pozos con que cuenta
Tenerife están situados en las medianías y zonas bajas.
Con este emplazamiento se pretende captar la descarga del acuífero,
los flujos de agua que de forma natural se dirigen al mar.
A diferencia de las galerías, que alumbran
preferentemente aguas almacenadas, es decir, reservas, los pozos
pretenden explotar recursos renovables, aguas que de otro modo se
hubieran desaprovechado.
La producción de los pozos resulta muy desigual
dependiendo de la zona y estación climática.
Cuando la perforación alcanza el acuífero,
si las condiciones son favorables, la obra puede iniciar las extracciones.
Al elevar los caudales mediante bombeo desciende el nivel del agua,
provocando el flujo subterráneo hacia el pozo.
En los últimos años la perforación
de pozos se realiza por lo general con una técnica más
sencilla y eficaz: el sondeo.
Construido con una maquinaria específica
para este tipo de obra, los trabajadores permanecen en el exterior
y es un trépano de varias toneladas de peso el que se encarga
de romper el subsuelo a base de golpes continuados.
Con unos 50 cm. de diámetro, la puesta en
marcha de los pozos de sondeo resulta más rápida y
económica que el sistema tradicional. Ambos tipos de obra
pueden alcanzar los 500 metros de profundidad.
El problema más importante en los pozos,
tanto tradicionales como de sondeo, es el riesgo de salinización.
Cuando las extracciones son superiores a la descarga del acuífero
se produce la temida intrusión marina, que contamina los
caudales con agua de mar.
Para el buen aprovechamiento de las aguas subterráneas
se requiere un conocimiento preciso del acuífero y sus posibilidades.
Con los datos obtenidos por el Plan Hidrológico Insular se
puede regular mejor el emplazamiento de nuevos pozos, la distancia
entre ellos, el volumen más conveniente de las extracciones
y, en general, una mejora de la gestión que servirá
para aprovechar al máximo nuestros recursos hídricos.
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