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Aunque las escorrentías de los barrancos
parecen más significativas, las aguas superficiales de Tenerife
sólo suponen un 2% de la lluvia que cae en nuestra isla.
Las características volcánicas del
territorio, con suelos porosos y permeables, hacen que la mayor
parte se infiltre en el subsuelo antes de alcanzar el mar.
Las condiciones geológicas y el régimen
irregular de lluvias han dificultado enormemente la construcción
de embalses y presas. A pesar de todo, salvando los inconvenientes
naturales y económicos, en nuestra isla captamos aproximadamente
el 5% de los recursos hídricos de superficie.
Ante la progresiva merma, tanto en cantidad como
en calidad de los recursos subterráneos, el agua de lluvia
resulta particularmente útil: Sedimentadas las tierras que
arrastra, su composición química destaca por la práctica
ausencia de sales contaminantes, cualidad que ha llevado al Plan
Hidrológico a potenciar su aprovechamiento, pero replanteando
la forma de captación.
La experiencia acumulada en los últimos
años por el Cabildo ha demostrado que con pequeñas
obras se puede obtener mejor rendimiento. En el norte de la isla
están en funcionamiento una serie de tomaderos que captan
las escorrentías de los barrancos próximos a las balsas.
Mezclada con agua de procedencia subterránea, se mejora la
calidad del conjunto haciendo utilizables, sobre todo en la agricultura,
aguas de salinidad excesiva. Los excelentes resultados obtenidos
aconsejan incrementar esta forma de captación que ha demostrado
una gran eficacia.
La red hidrográfica de Tenerife cuenta con
227 cauces principales. Entre los aprovechamientos futuros destaca:
- El proyecto TENADE que, con la construcción de 8 tomaderos,
captará y llevará aguas de varias cuencas de Teno
a otros puntos de la isla con mayor demanda.
- En la zona de Vilaflor, la construcción de una serie
de tomaderos conectados a una nueva balsa.
- El aprovechamiento de varias cuencas de Anaga, especialmente
la del barranco de Santos, regulando las aportaciones en la nueva
balsa de Los Campitos, situada en el vaso de la antigua presa.
Junto a la captación de escorrentías,
el Plan Hidrológico contempla también la vigilancia
y prevención de avenidas e inundaciones. Por motivos de seguridad
y sanitarios, resulta fundamental mantener limpia y despejada la
red hidrográfica; llevar a cabo un control efectivo sobre
los vertidos; vigilar que las construcciones no invadan los cauces
y, en definitiva, regular el aprovechamiento y el uso de nuestros
barrancos.
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